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En una investigación reciente, se descubrió que el destete temprano está directamente vinculado al apoyo que brinda el papá del bebé a la lactancia . Este descubrimiento dio luz a la importancia del apoyo emocional a la hora de amamantar. Aunque biológicamente la mujer no tenga ninguna dificultad, y que emocionalmente tenga la voluntad de hacerlo, si no tiene un apoyo adecuado y convencido del entorno, confabulará contra la duración de la lactancia.


Podemos imaginarnos una situación, el bebé llorando, la mamá tratando de calmarlo, ya le dio pecho, le cambió el pañal, pero no logra apaciguarlo. Es entonces que aparece un papá cansado, que no entiende por qué su mujer insiste con el pecho, y le dice: “Pero dale una mamadera que capaz que tiene hambre”, “quizás tu leche no sea buena”, “¿te acordás de mi hermana?, que no tenía suficiente leche, capaz que es lo mismo, dale una mamadera, si mi sobrinito creció precioso, ¿qué le va a hacer un poco de leche de complemento?”. Ejemplos como estos hacen que, por más voluntad que tenga la mamá de amamantar, comience a cuestionarse su producción o la calidad de su leche. Y estas situaciones, cuando se repiten varias veces en el día, o en la semana, la mujer tiende a ceder, y así comienza un ciclo donde aumentan las mamaderas de complemento, disminuyen las tomas de leche materna, terminando en un destete prematuro (antes de los 6 meses).


En los talleres de preparto, el taller de lactancia tiende a ser el que más ausencia de figuras masculinas hay. En algunos lugares hasta se fomenta que ese día los papás “pueden faltar”. Sin embargo, es crucial que los referentes afectivos estén tan informados como las madres, y así puedan apoyar y ayudar en todo el proceso. El papá tiene que estar convencido de la importancia de la leche materna, y entender que la mujer tiene que hacer un esfuerzo físico y emocional importante para lograrlo.  A veces los papás cuestionan: “pero si solo está sentada amamantando”. Son muchas horas en el día (y la noche) donde “solo se está sentada amamantando”, y la producción de leche en sí misma requiere un gran consumo extra de calorías. Por esta razón, el apoyo de los seres queridos es crucial para que la mujer pueda mantener la lactancia, disfrutando de la misma. 


Por otro lado, tenemos el aspecto social de la lactancia materna. Esto refiere a aquellas cosas del entorno que fomentan o anulan el amamantamiento. Por ejemplo, las leyes sociales que amparan a la mujer que amamanta. 


La nueva legislación que regula la licencia maternal y paternal fue aprobada en el 2013 (La ley N.° 19.161). La norma extiende de 12 a 14 semanas la licencia maternal para la mujer y otorga 13 días libres a los padres pagados por la seguridad social, que al día de hoy tenían tres días a cargo del empleador. El proyecto agrega el concepto de “parental” al derecho de trabajo a medio horario desde el fin de la licencia hasta los seis meses de bebé, que pueden ser utilizados tanto por el padre como la madre y puede ser fraccionada o alternarse entre los dos. 

 

Más allá de los cambios en la legislación, las mujeres que trabajan se encuentran con la realidad de tener que volver al ámbito laboral a los tres meses de haber nacido el bebé, en algunos casos antes. Esta realidad social dificulta que se sostenga la lactancia materna exclusiva, ya que por lo general son jornadas de más de 4 horas, en donde la mujer está lejos de su bebé y se hace más difícil mantener una alta producción. En estos casos, se recomienda que la mujer no pase más de 3-4 horas sin extraerse leche. La lactancia materna se rige por la ley de “mayor estimulación - mayor producción”, por lo que si una mujer que amamanta pasa demasiadas horas sin ordeñarse, su cuerpo va a reaccionar produciendo menos.


Asimismo, en nuestra cultura, no se acostumbra amamantar abiertamente. No es frecuente encontrarnos con mujeres amamantando en un shopping o en una plaza, muchas veces ni siquiera en un cumpleaños familiar. Algunas personas hasta lo encuentran ofensivo. Esto refiere a nuestra cultura y costumbres, pero en ella nos estamos perdiendo la transmisión de una práctica de generación a generación.  Cuando de niñas no vemos a nuestras madres, tías, vecinas amamantar; de adultas no sabemos como hacerlo. Es común ver a una niña jugar con un bebé de juguete y su mamadera; pero difícilmente vemos a una niña jugando a amamantar. La falta de esta transmisión cultural hace que la mamá primeriza se enfrente a la lactancia con dudas e inquietudes, y que muchas veces necesite la ayuda de un técnico adecuado para solucionarlas.

 

En síntesis, podemos imaginarnos que el éxito en la lactancia materna descansa en una mesa de tres patas: los aspectos biológicos, los psicológicos y los sociales. Si una de ellas falta, entonces sostener la lactancia exitosamente se hace mucho más difícil. Con la ayuda adecuada, el soporte y sostén de nuestros seres queridos y nuestro ámbito laboral, mantener una lactancia exclusiva hasta los seis meses del bebé es una meta que vale la pena el esfuerzo.
 

Tags:

Lactancia

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