Cesáreas innecesarias: qué nos dice la evidencia reciente y qué implica para la práctica profesional
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En los últimos años, las tasas de cesárea han aumentado de manera sostenida en el mundo. Pasaron de alrededor del 7% en 1990 a cerca del 21% en la actualidad, y se proyecta que podrían llegar al 29% hacia 2030 si no se implementan cambios significativos en los sistemas de salud.
Si bien la cesárea es un procedimiento que salva vidas cuando está clínicamente indicado, su uso sin una razón médica clara trae aparejados riesgos para la salud de mujeres, recién nacidos y niños, además de un impacto acumulativo en los embarazos y partos futuros. La última revisión de alcance que analizó este tema —incluyendo 42 estudios publicados entre 2015 y 2025— ofrece un panorama muy claro y útil para quienes trabajamos en salud materno-infantil.
A continuación, resumimos los hallazgos más relevantes para la práctica profesional.
¿Qué está impulsando el aumento de cesáreas?
Las razones no se explican solo por indicaciones clínicas. La revisión identifica múltiples factores asociados al crecimiento:
Preferencias maternas influenciadas por miedo al dolor o creencias culturales.
Prácticas institucionales, incluida la programación por conveniencia o el temor a litigios.
Cambios en la población obstétrica, como edad materna mayor, aumento del IMC o tratamientos de fertilidad.
Menor disponibilidad de partería y apoyo continuo, que se asocia internacionalmente con tasas más altas de intervenciones.
El problema no es la cesárea en sí, sino la cesárea sin indicación, especialmente en primigestas de bajo riesgo.
Riesgos para la salud materna: lo que muestra la evidencia 2015–2025
La revisión subraya consecuencias inmediatas y a largo plazo:
Complicaciones inmediatas frecuentes
Hemorragia, infecciones, dehiscencia de herida y complicaciones anestésicas.
Mayor riesgo de lesiones quirúrgicas y necesidad de reintervención.
Complicaciones a largo plazo
Placentación anómala (previa, acreta) en embarazos posteriores.
Uterine rupture y más partos pretérmino subsecuentes.
Desarrollo de istmocele, un defecto de la cicatriz uterina cada vez más reconocido, asociado con dolor pélvico, sangrado irregular, infertilidad y riesgo en futuros embarazos.
Salud mental y experiencia del parto
Las mujeres que cursan cesáreas no planificadas reportan más síntomas de estrés postraumático, depresión y dificultades en el ajuste postparto.
Impacto en el recién nacido y en la infancia
No se trata solo del momento del nacimiento. La literatura muestra asociaciones entre la cesárea (especialmente la electiva antes de las 39 semanas) y:
Morbilidad respiratoria neonatal y mayor admisión a UCIN.
Alteraciones en la colonización del microbioma, con posibles efectos en inmunidad y metabolismo.
Mayor riesgo observado (no causal) de: alergias, asma, obesidad infantil y algunas dificultades del neurodesarrollo.
Si bien muchas de estas asociaciones requieren más investigación con control riguroso de confusores, el mensaje para la práctica es claro: la cesárea evita riesgos cuando está indicada, pero introduce otros cuando no lo está.
Un problema global: sobreuso y subuso conviven
El estudio remarca que el desafío no es solo el exceso:
Países de ingresos altos y medios tienden al sobreuso, especialmente en ámbitos privados.
Países de menores recursos enfrentan acceso insuficiente, contribuyendo a mortalidad materna y neonatal evitable.
La conclusión es contundente: necesitamos más cesáreas donde faltan, y menos donde sobran.
¿Qué acciones concretas recomiendan los estudios?
Aunque las recomendaciones son amplias, hay puntos en los que convergen:
a) Mejorar la calidad del cuidado intraparto
La revisión destaca la importancia de estructuras que apoyen el parto fisiológico (como salas lideradas por parteras) y protocolos basados en evidencia.
Además, evidencia reciente muestra que implementar la Labour Care Guide de la OMS puede ayudar a reducir cesáreas no indicadas sin aumentar riesgos.
b) Decisiones informadas y acompañamiento continuo
Intervenciones educativas para mujeres y equipos reducen el temor, mejoran la comunicación y disminuyen intervenciones no necesarias.
c) Consejería poscesárea y planificación reproductiva
Informar sobre riesgos acumulativos, intervalos intergestacionales y opciones como VBAC cuando corresponde.
d) Medición de calidad basada en indicaciones, no solo en tasas
Profesionales y sistemas de salud requieren métricas por indicación (quién se beneficia realmente) para avanzar en prácticas más seguras.
Conclusión: la urgencia de una mirada equilibrada y basada en evidencia
La cesárea no es “buena” ni “mala”: es una herramienta clínica fundamental que requiere un uso prudente y bien justificado.
La evidencia actual es clara:
El uso inapropiado aumenta riesgos para la salud materna e infantil.
La falta de acceso oportuno también mata.
La solución pasa por calidad de la atención, acompañamiento informado, partería fortalecida, y decisiones clínicas basadas en evidencia y contexto.
En IULAM nos comprometemos a promover prácticas respetuosas, centradas en derechos y sostenidas por la mejor evidencia disponible.
Fuente: Thomaidi, S., Sarantaki, A., Tzitiridou Chatzopoulou, M., Orovou, E., Jotautis, V., & Papoutsis, D. (2025). The rising global cesarean section rates and their impact on maternal and child health: A scoping review. Journal of Clinical Medicine, 14(22), 8102. https://doi.org/10.3390/jcm14228102






















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