¿Es necesario dar agua a los bebés cuando hace calor?
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La lactancia materna exclusiva (LME) durante los primeros seis meses de vida constituye una de las intervenciones más costo-efectivas para reducir la morbimortalidad infantil y prevenir enfermedades infecciosas. A pesar de ello, en numerosos contextos —particularmente en climas cálidos— persiste la práctica de ofrecer agua u otros líquidos a los lactantes menores de seis meses, motivada por el temor a la deshidratación.Frente a esta creencia extendida, resulta fundamental preguntarse: ¿existe evidencia que justifique la suplementación con agua en bebés exclusivamente amamantados durante períodos de calor?

Evidencia disponible
Una revisión sistemática reciente analizó el impacto del clima cálido sobre la alimentación infantil y las prácticas de lactancia. El estudio incluyó 18 investigaciones realizadas en países de ingresos bajos y medios, abordando tanto aspectos fisiológicos como socioculturales vinculados a la alimentación del lactante.
Hidratación en lactantes exclusivamente amamantados
Los resultados muestran que no existe evidencia de deshidratación en bebés menores de seis meses alimentados exclusivamente con leche materna, incluso en contextos de calor extremo, con temperaturas superiores a los 30 °C y alta humedad ambiental.Diversos indicadores objetivos —como la osmolalidad urinaria, la gravedad específica de la orina y los cambios en el peso corporal— confirmaron que la leche materna es suficiente para mantener un adecuado estado de hidratación, sin necesidad de aportar líquidos adicionales.
Influencia del clima en las prácticas de alimentación
El estudio también pone de relieve que, en muchas comunidades, persiste la creencia de que el lactante “tiene sed” durante los períodos de calor, lo que conduce a la introducción temprana de agua, infusiones u otros líquidos. Estas prácticas suelen estar fuertemente influenciadas por factores culturales, por la carga laboral materna, la estacionalidad y, en algunos casos, por recomendaciones inadecuadas provenientes del entorno familiar o incluso del personal de salud.
Implicancias para la práctica clínica
Desde una perspectiva asistencial y preventiva, estos hallazgos tienen implicancias claras para el trabajo de los equipos de salud:
Reforzar el mensaje basado en evidencia: la leche materna cubre plenamente los requerimientos de hidratación del lactante menor de seis meses, incluso en climas cálidos.
Desmitificar prácticas riesgosas: la administración de agua antes de los seis meses no previene la deshidratación y puede aumentar el riesgo de infecciones y de interferencia con la lactancia exclusiva.
Fortalecer la capacitación del personal de salud: es clave evitar recomendaciones erróneas y sostener la LME como estándar de cuidado.
Adecuar las estrategias de consejería: las intervenciones educativas deben contemplar los contextos culturales, sociales y estacionales en los que se desarrollan las prácticas de alimentación infantil.
Conclusión
En un escenario global atravesado por el cambio climático y el aumento de las olas de calor, se vuelve aún más relevante que los profesionales de la salud transmitan información clara, coherente y basada en evidencia. Los datos disponibles confirman que los bebés menores de seis meses no necesitan agua adicional, aun en condiciones de calor extremo. La lactancia materna exclusiva continúa siendo la mejor estrategia para proteger la salud y el bienestar del lactante.
Referencia
Edney JM, Kovats S, Filippi V, Nakstad B. (2022). A systematic review of hot weather impacts on infant feeding practices in low- and middle-income countries. Frontiers in Pediatrics, 10:930348. https://doi.org/10.3389/fped.2022.930348






















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